Rusofobia a la carta
(Por considerarlo de interés para nuestros lectores reproducimos un artículo de nuestro colaborador periodista y abogado Fabián Acosta)
Por: Fabián Acosta S.
Como era de esperarse, la mediática internacional sometida a la voluntad y postrada al servicio del imperio yanqui, arreció su bombardeo bacteriológico cual armas de envenenamiento masivo a la conciencia del mundo; desvirtuando desvergonzada y cínicamente, los acontecimientos que llevaron a Rusia a implementar las acciones militares que se desarrollan en Donetsk y Lugansk, autoproclamadas en repúblicas independientes como medida de supervivencia para preservar la integridad y la vida de su población, hostigada, atacada y masacrada cruelmente desde Ucrania por elementos nazi-fascistas que pregonan abiertamente una limpieza étnica contra los habitantes rusoparlantes y otras minorías de la región.
Antecedentes de sangre
Deforman la verdad y mienten en la mayoría de los casos estos medios, al abordar el tema tachándolo como “la invasión rusa a Ucrania”, descontextualizando totalmente el hecho cuando eluden mencionar que el capítulo que hoy se vive en la región, es una secuela del sangriento golpe de estado perpetrado por los gringos y sus lacayos locales en el año 2014, contra el presidente democráticamente electo Víctor Yanukovski, por el delito de tener buenas relaciones con la Federación de Rusia; desatando en el ínterin una gigantesca y horrible cacería humana contra los elementos progresistas, los ciudadanos de ascendencia rusa o los que simplemente se oponían al golpe; cuyo episodio más despreciable lo constituyó el incendio de un edificio sindical en la ciudad de Odessa, donde fueron quemados vivos más de una docena de dirigentes y activistas que perecieron impedidos de recibir ayuda, mientras que muchos otros resultaron gravemente heridos.
Putin siempre abogó por el diálogo
Sucesos como estos, seguidos por una escalada de terror que aún se mantiene contra los habitantes de estas regiones limítrofes con Rusia, llevaron a Donestk y Lugansk en aquel entonces, a declarar su independencia de Ucrania y solicitar su reconocimiento como repúblicas autónomas; estatus en el que se sustentaron para pedir a la Federación de Rusia, luego que se les reconozca como nuevas naciones, la firma de acuerdos de cooperación y de asistencia para su protección. Decisión a favor que, desde la autoproclamación de estos países, no había querido tomar el presidente Vladimir Putin, priorizando la vía del diálogo como solución al conflicto y en respeto a los convenios suscritos con Ucrania y sus padrinos de la OTAN, después de la desintegración de la ex Unión Soviética, conocidos como acuerdos de Minsk por haber sido firmados en la capital de Bielorrusia, cuyo objetivo central persigue garantizar las condiciones para la seguridad de la existencia de la nación rusa, así como la naturaleza de su relación con la contraparte ucraniana y el compromiso de ésta de no prestarse como cabeza de playa para una agresión de su vecino por parte de la OTAN.
Contra la espada y la pared
Pero es precisamente a esto último a lo que se ha dedicado Kiev con un frenesí irrefrenable desde 2014, montando un escenario de provocación y de intimidación con sus socios mayores para acorralar a Rusia y doblegarla, sin tener que vérselas con el arsenal nuclear que posee su contrincante. Espinoso asunto que los obliga a pisar la grama con cuidado dado este perturbador riesgo, y además por los conocidos hechos históricos sobre la extraordinaria capacidad de resistencia y de reacción del pueblo ruso en defensa de la Madre Patria cuando es agredida.
Son estos, sucintamente expuestos, los acontecimientos previos que llevaron al parlamento de Rusia a aprobar por abrumadora mayoría de sus miembros, el acuerdo que autoriza al presidente de su país a reconocer la existencia de estas dos nuevas naciones, y a aceptar su llamamiento para intervenir militarmente en ellas, con la misión puntual y específica de restablecer el orden interno socavado desde Ucrania con el permanente asedio, los asesinatos y agresiones hacia su población; y también para desbaratar el aparataje bélico que ésta ha venido acumulando con la mira puesta en Rusia.
La canalla mediática en acción
Sin embargo el aparato mediático mundial servil al imperio, soslaya o invisibiliza todos estos eventos y no bien les ha enviado su amo la señal, cuando inmediatamente ponen en movimiento toda su maquinaria desinformativa, que va desde las redes digitales (mal llamadas sociales); pasando por la influyente y vasta industria del entretenimiento con el cine a la cabeza, desempolvando venenosas películas de la era de la guerra fría, contra el comunismo y la extinta Unión Soviética, hasta las “prestigiosas” cadenas de televisión y agencias de noticias. Es el mismo canallesco libreto de siempre cuando el imperio quiere imponer su relato para justificar su próximo zarpazo, solo que en esta oportunidad el papel de villano favorito se lo otorgan por unanimidad a Vladimir Putin.
Y desatan una infame campaña de odio contra todo lo que huela a ruso, especialmente hacia su presidente, endilgándole cualquier cantidad de epítetos denigrantes, donde no podía faltar el sobrenombre del fundador del partido nazi alemán (a quien en secreto ellos adoran y veneran); haciendo circular la imagen de Putin trucada en caricatura hitleriana a través de todos los medios a su disposición, para que lo aborrezcan y repudien, incluso instintivamente sin conocer al tipo. Y así se inicia la cacería de cualquier matiz en el discurso de su víctima, ya sea porque fue un poco oscuro o demasiado claro y firme en su planteamiento, para explotarlo a su conveniencia. Y yo creo que fue esto último lo que pasó cuando Putin, al anunciar el inicio de la operación militar solicitada, dijo serenamente con toda claridad y con legítimo orgullo de la historia patria, que ¡Ucrania era una creación de Vladimir Ilich Uliánov Lenin!
Doble rasero
“¡Suficiente, suficiente, cómo se atreve…!” Bueno imagínense el aspaviento, pues ahora resulta que no solo es Hitler redivivo, sino que el nostálgico Putin además quiere reinstaurar la extinguida Unión Soviética. ¡Qué falta de coherencia, que hipocresía la de esta gente! Y no lo digo gratuitamente, básteme contrastar esta horrorizada reacción de la oligarquía mundial en voz y letra de su plantel de tarifados de los medios desinformáticos, con el mutis que hicieron hace menos de una semana, cuando uno de los jefes neonazis apareció en la televisión frotándose las manos por el inmenso arsenal con el que los apertrecharon ciertos países de Europa para esta nueva operación en ciernes, y confesando descaradamente en forma jactanciosa a viva voz ante el mundo, que este regalo se lo hacían sus jefes europeos contratantes porque a ellos les gusta matar.
¡Claro, como se trata de una noble causa, seguramente común a entrevistados y entrevistadores (¿?), para estos buenos muchachos no cabe ningún reproche ni hay legislación alguna que les sea aplicable! Además, debemos recordar que su acción está dirigida contra sujetos inferiores que degradan la supremacía racial que ellos defienden con la bendición del imperio yanqui, con quien están emparentados ideológica y moralmente, si hemos de interpretar bien el sentido de las palabras del ex presidente Barack Obama, cuando presumió de la “excepcionalidad” de los estadounidenses como justificación para dominar el mundo.
Colofón
Y es justamente eso lo que está en juego en Ucrania, la continuidad del dominio del mundo por Estados Unidos como primera potencia, pero en declive; o su sustitución por un modelo multipolar sin ninguna hegemonía que pretenda imponerle sus políticas a ninguna de las partes, representado en primera instancia por China y Rusia, pero abierto a otros potenciales jugadores que vienen emergiendo en el escenario mundial. Por eso, independientemente de la cesación de las acciones armadas ejecutadas por la Federación de Rusia en esa zona, a consecuencia de algún acuerdo entre las partes (esperamos), este tema seguirá dando mucho de qué hablar y escribir, porque la región forma parte de los “imperativos geoestratégicos” de los Estados Unidos, según los postulados de Zbigniew Brzezinski en su libro El gran tablero mundial, que bien conviene releer; al igual que el libro de nuestro general patriota Vladmir Padrino López, La escalada de Tucidides.

