GLOBALÍZATE, BRÓDER

27/agosto 2023

Por considerarlo de interés de los lectores de la Revista Diplomática publicamos un artículo del Humorista Aníbal Nazoa, bajo el pseudónimo de Matías Carrasco, en su columna: Aquí hace Calor de fecha 20 de octubre del año 2000

Por: Aníbal Nazoa

A la señora Rodríguez, como a tantos venezolanos, le da una pena horrible no ser norteamericana. Ella es de las que dicen Flórida, celebran el Halloween y comen pavo el día de Acción de Gracias. Todos los años, como manda el precepto, hace su peregrinación a Walt Disney World y se retrata con el ratón Miguelito. Sus preciosos morochitos, nacidos en el Memórial Jóspital, se llaman Johnny y Jodie (por Jodie Foster, no vayan a creer). Precisamente ayer, los esposos Rodríguez me invitaron al shower que dieron para celebrar el cumpleaños de los babies. Ella, como de costumbre, a pesar de haber sido su hogar bendecido con tan graciosas criaturas, no podía disimular la amargura que le causa el llevar un apellido tan descaradamente latino. Intenté levantarle el ánimo: Pero Juana, ¿cuál es el problema? En el mundo hay millones y millones de personas que no son norteamericanas; ¿qué tiene de malo que tú te llames Juana Rodríguez? Pero nada: traté por todos los medios de hacerle olvidar su condición de latina. De latina no nativa de los States, no como ese alto funcionario del Departamento de Estado, Peter Romero, que siendo hispano tiene la dicha de ser un perfecto ciudadano norteamericano nativo que habla enredado y todo. Mientras agotaba  mis esfuerzos por consolar a la señora Rodríguez, vino a mi mente un hecho, para muchos maravilloso, que le ofrecía a ella la solución a su problema: la globalización, algo parecido al edicto de Caracalla que concedió la ciudadanía romana a todos los habitantes del imperio. Gracias a la globalización, ahora todos los que habitamos este feliz planeta, desde el modesto ordeñador llanero que canta tonadas de Simón Díaz, hasta el eminente sabio atómico de Pipe, desde el arriesgado sherpa escalador del Himalaya hasta la grácil bailarina de Sábado Sensacional, todos pertenecen a la grey estadounidense. ¡Albricias! Para muchos la globalización es sencillamente un “asunto cultural”. Por ejemplo, para Mario Vargas Llosa, que la saluda alborozado, “el temor a la americanización del planeta tiene mucho más de paranoia ideológica que de realidad”. Como si los barriles de petróleo, las toneladas de hierro y estaño, los kilómetros cuadrados de territorio, fuesen simplemente una preocupación de paranoicos. Recordemos lo que en 1912, cuando Estados Unidos disponía de un poder de dominación muy inferior al que tiene ahora, decía el presidente William H. Taft: “No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio; una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, de hecho, como en virtud de nuestra superioridad racial, ya es nuestro moralmente”. La cosa, pues, va por donde mismo; cualquier semejanza o relación con la globalización es enteramente casual. Por otra parte, demasiado buena es la Gran Nación del Norte, que no hace uso de su inmenso poder a pesar de lo malucos y desobedientes del corolario Roosevelt que hemos sido los latinoamericanos, para no nombrar a los demás humanos que tanto les deben. Como dice Ignacio Ramonet, en artículo de Le Monde Diplomatique reproducido recientemente en este mismo diario, “en el plano geopolítico, Estados Unidos se encuentra ubicado en una situación de hegemonía, como ningún otro país ha conocido jamás”… Y sin embargo, nos deja respirar. Razón tiene Vargas Llosa en mostrarse tan agradecido. Bien claro y raspao lo dijo en México José Vasconcelos: “Un imperio mundial encabezado por Estados Unidos, sería preferible a la continuación de la presente anarquía internacional. Opinamos que sería preferible, por más humano, un imperio gobernado por Estados Unidos”… ¿qué les parece ese “maestro de juventud”? Ya lo sabe, pues, amiga. Se acabó la extranjería. La globalización nos nacionalizó sin tener que hacer cola en la embajada. Gracias a Dios, ahora todos somos sobrinos de Tío Sam.

Aníbal Nazoa.

Alias: Matías Carrasco, ” Aquí hace Calor”.- Diario El Nacional 20/10/2002.