PAPA FRANCISCO BEATIFICÓ A MÁRTIRES RELIGIOSOS ASESINADOS EN EL SALVADOR

24/enero 2022

Tras recibir, El Parecer, de la Sagrada Congregación de las Causas de los Santos a favor del Jesuíta Rutilio Grande, el Franciscano Cosme Spessotto y los seglares Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, fueron declarados beatos mediante una carta apostólica leída por el cardenal salvadoreño Gregorio Rosa Chávez, en nombre del papa Francisco.

El jesuita Rutilio Grande fue asesinado el 12 de marzo de 1977 mientras atravesaba en su vehículo una carretera de El Paisnal, 40 km al norte de San Salvador. Murieron también el sacristán Manuel Solórzano de 72 años y Nelson Rutilio Lemus de 16, quienes también serán beatificados y están enterrados junto a él.

Fray Cosme Spessotto fue asesinado el 14 de junio de 1980 dentro de la iglesia de San Juan Nonualco, 54 km al sureste de la capital y donde fue párroco durante 27 años.

En El Salvador, además del asesinado arzobispo de San Salvador, hoy Santo, Óscar Arnulfo Romero, canonizado en 2018, fueron asesinados el obispo militar Joaquín Ramos, una veintena de sacerdotes y miles de laicos. La gran mayoría de los crímenes permanecen impunes.

El 16 de noviembre de 1989 fueron asesinados por un comando del ejercito salvadoreño los jesuitas Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López y Juan Ramón Moreno y el salvadoreño Joaquín López, la trabajadora de la UCA Elba y su hija de 16 años, Celina Ramos.

Ignacio Ellacuría, era el rector de la Universidad Católica de Centro América, había denunciado las condiciones de explotación y miseria de la mayoría campesina del país, compromiso con en el que coincidió el arzobispo de San Salvador, Monseñor Óscar Arnulfo Romero, a quien el Papa Francisco le otorgó la Santidad.

El venezolano Leopoldo Castillo, para ese entonces embajador de Venezuela en El Salvador encabezaba la llamada Operación Centauro, fue acusado de transportar, en la valija diplomática, las armas que se utilizaron para asesinar  los sacerdotes jesuitas y hermanas de la orden estadounidense Maryknoll.

Según información de la agencia británica Reuters, fechada el 31 de enero de 1990, en Washington, firmada por su corresponsal Dan William:

“La Operación Centauro implicaba a agentes cubanos residentes en Miami y al embajador de Venezuela, en El Salvador, Leopoldo Castillo, de quien se dice –subraya el despacho cablegráfico- era la fuente de los servicios de inteligencia que identificaron a los seis jesuitas para asesinarlos”.

Esta información es parte de la investigación que en enero de ese año realizaba el Senado estadounidense respecto a la nominación de Roger Noriega para la Subsecretaría de Estado para América Latina. Noriega estaba estrechamente relacionado con Elliot Abrahams, John Negroponte, Roger Maurer y Oliver Norh, muy conocidos por sus injerencias en los asuntos internos de los países latinoamericanos y sus siniestros planes, como la “Operación Centauro”, dirigidos a convertir estas naciones en colonias de los Estados Unidos, utilizando para ello el asesinato y otras acciones criminales. Leopoldo Castillo, afirma el corresponsal William, formaba parte del servicio de inteligencia de este grupo.

Eran tiempos, de Ronald Reagan, en que Luis Posada Carriles, Hermes Rojas Peralto, Milos Alcalay, bajo la dirección del entonces embajador Leopoldo Castillo cometían en El Salvador cualquier cantidad de crímenes que hasta el día de hoy están impunes.