EL PROYECTO DEL ‘GRAN ISRAEL’: COLONIALISMO, MITO Y TEOLOGÍA POLÍTICA
Hablar del ‘Gran Israel’ no significa reducir la política israelí a una conspiración, sino rastrear la persistencia de una matriz teológico-política. En ella, la tierra no es solo espacio estratégico, sino espacio sagrado; y el otro, palestino o árabe; no es solo adversario militar, sino obstáculo existencial. Lo que surge no es un desacuerdo coyuntural, sino una colisión de proyectos ontológicos: ¿puede existir Palestina dentro de un marco que concibe la tierra como promesa exclusiva e incompleta?, señala el periodista Xavier Villar en un artículo publicado en el portal Hispan TV.
Cuando se aborda el conflicto entre Israel y Palestina, suele privilegiarse la agenda inmediata: la seguridad, las negociaciones fallidas, la violencia cíclica. Sin embargo, debajo de la superficie late un horizonte ideológico más profundo, donde política y teología se entrecruzan. Allí aparece el llamado ‘Gran Israel’: no un mapa acabado ni un simple delirio expansionista, sino un imaginario que combina mito bíblico, nacionalismo moderno y colonialismo de asentamiento.
El sionismo moderno nació entre las corrientes liberal-nacionalistas del siglo XIX europeo. Pero a diferencia de los nacionalismos emancipatorios que buscaban integrarse en Europa, el sionismo organizó una colonización hacia fuera: un traslado de población que se articulaba más como ingeniería demográfica que como ‘retorno ancestral’.
La historia lo muestra: Theodor Herzl contempló fundar un Estado judío en Argentina o África Oriental. Palestina fue finalmente elegida, pero la lógica era la misma: edificar un espacio homogéneo para una diáspora. La narrativa del ‘retorno’ disfrazaba un proyecto colonial de asentamiento, es decir, no solo ocupar una tierra, sino desplazar y sustituir a quienes la habitaban.
La premisa se volvió explícita con Vladimir Jabotinsky en: ‘El muro de hierro’ publicado en el año 1.923. En ese texto se enunciaba un diagnóstico lapidario: ningún pueblo árabe aceptaría ser colonizado voluntariamente; la única vía era imponer la fuerza. Allí se anticipa el núcleo del ‘Gran Israel’: un proyecto que no concibe la coexistencia, sino la subordinación definitiva del otro.
.

