ESTADOS UNIDOS Y CHINA IMPONEN TARIFAS PORTUARIAS A BUQUES DE CARGA ENTRE AMBOS PAÍSES
Washington y Pekín abrieron este martes un nuevo capítulo en su feroz disputa comercial al aplicar tarifas adicionales sobre los buques de carga que mueven mercancías entre las dos superpotencias económicas. Esta medida, que impacta desde bienes de consumo hasta crudo petrolero, transforma el mar en un nuevo campo de batalla económica, elevando la tensión a niveles inéditos.
China fue la primera en mover ficha: sus autoridades anunciaron que los barcos de propiedad, operación o bandera estadounidense pagarán recargos especiales al atracar en puertos chinos. Se exceptúan las naves construidas en territorio chino o aquellas que lleguen vacías para mantenimiento. Las tarifas entrarán en vigor en el primer puerto de escala o en los primeros cinco viajes dentro del año fiscal, que arrancó el 17 de abril.No se hizo esperar la réplica de Estados Unidos, que activó gravámenes similares sobre embarcaciones ligadas a China, alineados con la agenda del presidente Donald Trump para erosionar el dominio marítimo chino y revitalizar la flota naval norteamericana.
El Ministerio de Comercio chino no se limitó a las tarifas: también impuso sanciones a cinco subsidiarias de la surcoreana Hanwha Ocean, acusadas de aliarse con investigaciones estadounidenses sobre prácticas comerciales de Pekín. Paralelamente, inició una pesquisa sobre los efectos de estas represalias en su sector naviero y de astilleros. En un tono desafiante, Pekín exhortó a Washington a ‘corregir sus errores’ y advirtió: ‘Si Estados Unidos opta por la confrontación, China la sostendrá hasta las últimas consecuencias; si prefiere el diálogo, su puerta sigue abierta’.
Expertos en logística global alzan la voz de alarma: esta espiral de represalias podría desestabilizar el comercio marítimo mundial. La firma ateniense Xclusiv Shipbrokers advierte que el choque ‘atrapa a ambas economías en un vórtice de impuestos navieros que pone en jaque el flujo internacional de bienes’.
Las proyecciones son sombrías: los nuevos costos podrían golpear hasta el 15% de la flota global de petroleros y más del 10% de los portacontenedores. Las grandes navieras chinas, como COSCO, cargarían con casi la mitad del impacto financiero estimado, alrededor de 3.200 millones de dólares solo en 2026. El pulso se aceleró recientemente cuando China endureció los controles sobre exportaciones de minerales clave, provocando que Trump amenace con aranceles del 100% a productos chinos y vetos a software esencial antes del 1° de noviembre.
Para los analistas, este episodio marca un giro radical: el transporte marítimo, antes un conducto imparcial del intercambio global, se ha convertido en un arma explícita de la geopolítica estatal.
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