NO ES PLAN MARSHALL, ES PLAN DONROE
Por considerarlo de interés para los lectores de la Revista Diplomática publicamos un artículo de nuestro colaborador, analista político e Internacionalista Leopoldo Puchi.
Por: Leopoldo Puchi
Tras la intervención militar del 3 de enero, Donald Trump anunció que Estados Unidos pasaría a “run the country”, es decir, a administrar o gobernar a Venezuela. Más allá de la retórica propia del estilo Trump, la afirmación remite a un marco estratégico de la actuación estadounidense luego de una incursión militar.
SECUENCIA
En ese esquema, una vez neutralizadas las fuerzas adversas, la operación da paso a una secuencia de reordenamiento económico y político que se despliega por fases. No se trata de una improvisación, sino de un diseño con objetivos definidos. Todo indica que se ha elaborado un plan para Venezuela cuyo propósito inmediato es asegurar el control integral del petróleo, sin necesidad de una ocupación militar plena.
Sin embargo, que Trump disponga de un proyecto y busque imponerlo no equivale a que haya sido aceptado por el país. Ese enfoque no cuenta con el consentimiento del gobierno venezolano ni de la oposición y se inscribe en una lógica unilateral, que se basa en la imposición por la fuerza.
PLAN MARSHALL
El proyecto de Trump no está dirigido a impulsar un desarrollo nacional autónomo, sino a servir como base material de una relación de tutela, como parte de su nueva estrategia de seguridad nacional y la llamada doctrina Donroe. Esto lo diferencia de experiencias como el Plan Marshall que, con todos sus límites, fue concebido para fortalecer la reconstrucción industrial y la capacidad de recuperación autónoma de las economías europeas.
En aquel caso, Estados Unidos aportó recursos y créditos para que las empresas locales reconstruyeran su aparato productivo y reactivaran el comercio, con márgenes de soberanía y decisión, no para imponer un control directo sobre los recursos ni dirigir desde fuera la actividad económica.
PLAN TRUMP
A diferencia del Plan Marshall, el plan Trump para Venezuela da prioridad al control de grandes empresas estadounidenses sobre los recursos naturales del país. Esta estrategia busca administrar directamente el petróleo venezolano y garantizar acceso exclusivo a tierras raras. En lugar de promover cadenas productivas internas y el desarrollo de capacidades nacionales, el énfasis se pone en el control externo de los principales activos económicos.
PETRODÓLAR
En este plan, el control de los campos petroleros cumple también una función financiera, ya que su incorporación a los balances de empresas estadounidenses permite valorizar activos, respaldar emisiones de deuda y fortalecer su posición en los mercados. Al mismo tiempo, se busca mantener el petróleo venezolano en el circuito del petrodólar y reforzar la centralidad del dólar en los mercados energéticos.
SINDICATURA FISCAL
Este modelo tiene un antecedente histórico en la presidencia de Theodore Roosevelt, con la llamada sindicatura fiscal, una modalidad de intervención que combinaba control financiero y tutela política. Bajo el pretexto de estabilizar países endeudados, Washington asumía el control de las aduanas y de los principales ingresos fiscales en América Latina y el Caribe. Funcionarios estadounidenses recaudaban los recursos, daban prioridad al pago de deuda externa y luego transferían fondos a los gobiernos locales.
EL CONTROL
En el plan de Trump, Washington tiene el control exclusivo de la comercialización y Venezuela queda impedida de decidir a qué países vende su petróleo. Asimismo, el Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro asumen la facultad de decidir, de manera indefinida, cómo se usan y desembolsan los fondos generados por esas ventas, que son depositados en cuentas bajo supervisión estadounidense.
MADE IN USA
A ello se suma una condición explícita de carácter comercial. Según declaraciones del propio Trump, Venezuela solo puede utilizar los ingresos de la venta de su petróleo para adquirir bienes fabricados en Estados Unidos. Esta restricción reduce la autonomía económica y genera dependencia del comercio exterior a proveedores estadounidenses.
CAPITANÍA GENERAL
Esta actuación puede compararse con prácticas coloniales históricas, como el monopolio comercial español en la Capitanía General de Venezuela (siglos XVI-XVIII), cuando las colonias solo podían comerciar con la metrópoli (España), sin libertad para vender o comprar con otros países. Ahora, EEUU impone una tutela similar sobre la actividad económica, centrada en el petróleo, principal fuente de divisas y base del comercio exterior.
REALINEACIÓN
La fase de estabilización anunciada por Marco Rubio incluye diversas acciones, como reestructuración del ejército y servicios de inteligencia; reformas judiciales y electorales aprobadas por Washington; reconstrucción de infraestructura decidida en el exterior; realineamiento geopolítico con Estados Unidos, incluyendo la paralización de convenios de cooperación y asociaciones estratégicas con China, Cuba, Irán y Rusia.
EL PULSO
A pesar de la pretensión de Trump de imponer su “Plan de la Nación” por medio del bloqueo naval y bajo la amenaza de un segundo ataque, es previsible que se entable un pulso entre Miraflores y la Casa Blanca que podría derivar en un escenario distinto, incluso en un tratado de paz que respete la soberanía nacional. El desenlace dependerá tanto de las decisiones que adopte Venezuela como de la dinámica de la contestación política interna en Estados Unidos.
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