DISCURSO DE TRUMP: LA CELEBRACIÓN DE UNA AGRESIÓN
Por considerarlo de interés para los lectores de la Revista Diplomática publicamos un artículo de nuestro colaborador, analista político e Internacionalista Leopoldo Puchi.
Por: Leopoldo Puchi
La historia colonial de la América española estuvo marcada por periodos de interregno que generaban una ansiedad colectiva ante decisiones políticas, jurídicas o nombramientos que dependían del rey y del Consejo de Indias. Durante esas esperas, las capitales americanas se llenaban de rumores y especulaciones. En tertulias, las élites criollas discutían nombres y escenarios posibles. Esa dependencia de decisiones lejanas fue moldeando una mentalidad de sumisión, en la que el poder real era distante.
UN LITIGIO
Ricardo Palma captura con ironía esta dinámica en su texto “Un litigio original”, ambientado en la Lima del siglo XVII. Dos nobles —el conde de Sierrabella y el marqués de Santiago— se disputan la precedencia en una procesión. Incapaces de resolver el conflicto entre sí, elevan el caso al virrey, convirtiendo el pleito en un momento de expectativa colectiva.
Palma interviene entonces como narrador y se dirige al lector con un reto irónico que reproduce el suspenso de la época: “¿A que no aciertan ustedes con la decisión del virrey? La doy en una, en dos, en tres, en mil… Ya veo que se dan ustedes por vencidos; porque ni a Salomón…”.
COMO AYER
Después del discurso del Estado de la Unión de Donald Trump, en Caracas se vivió un clima sorprendentemente similar al descrito por Palma, cuando se supo que un dirigente político venezolano había sido invitado y saludado, mientras otros no estaban presentes. Más que el contenido del mensaje, fue ese gesto el que desató interpretaciones y conjeturas. El episodio muestra cómo hoy, al igual que ayer en la colonia, la política se vive como la espera de una decisión externa.
EL HEMICICLO
En contraste, en el propio hemiciclo del Congreso estadounidense se vivió un clima distinto. Mientras Trump desplegaba un discurso de fuerza, tutela y castigo hacia el exterior, el interior del Congreso se convirtió en un espacio de resistencia frente a otra forma de dominación: el racismo, la xenofobia y la política del miedo. Varios legisladores interrumpieron la sesión para denunciar el costo humano de las políticas antimigratorias. Rashida Tlaib e Ilhan Omar acusaron al presidente de “matar estadounidenses”; Norma Torres mostró los rostros de víctimas de la violencia migratoria; y Al Green, tras exhibir un cartel que afirmaba que “las personas negras no son simios”, fue expulsado del recinto.
EL DISCURSO
En relación con Venezuela, Donald Trump centró su intervención en celebrar el crimen de agresión cometido contra el país el pasado 3 de enero. Cada frase apuntó a convertir la supremacía en argumento y la humillación en herramienta de poder. La incursión armada fue presentada como una superproducción televisiva. La violencia quedó envuelta en el lenguaje de la superioridad tecnológica, bajo el lema de la “paz a través de la fuerza”, una fórmula que convierte la agresión en virtud y la dominación en norma.
CELEBRACIÓN
Más revelador aún fue el tono celebratorio con el que Trump anunció los beneficios económicos del ataque. El acceso inmediato a más de 80 millones de barriles de petróleo venezolano fue presentado como prueba de éxito estratégico, no como resultado de una intervención y de un bloqueo naval. En ese encuadre, Venezuela es tratada como un territorio administrable, una reserva energética al servicio de la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos.
El pasaje dedicado a Nicolás Maduro condensó el enfoque supremacista. Trump celebró su secuestro como un trofeo: Venezuela fue presentada como un teatro de operaciones, no como una nación; su presidente, como un botín de guerra llevado ante la “justicia americana”, una expresión que revela una pretensión de jurisdicción global.
EXPANSIONISMO
Este exhibicionismo de fuerza no es un gesto aislado. El discurso se inscribe en una estrategia más amplia de expansión y control geoestratégico que Trump ha planteado también respecto a Panamá, Groenlandia y el Caribe. En ese marco, el hemisferio es concebido como una zona exclusiva, sujeta a vigilancia e intervención militar.
SUPERVIVENCIA
Resulta llamativo que, debido a una mentalidad colonial todavía presente, buena parte del debate político venezolano se haya centrado en una invitación, y no en lo esencial: que el presidente de Estados Unidos celebró públicamente una agresión armada contra un Estado soberano.
La pregunta abierta no es solo cómo responder a la agresión en sí, sino cómo desmontar una cultura política que acepta el dictamen externo como inevitable y convierte la subordinación en estrategia de supervivencia.
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