SE CUMPLEN 50 AÑOS DE LA MUERTE DEL POETA Y PREMIO NÓBEL CHILENO PABLO NERUDA
Hace 50 años, el 23 de septiembre de 1973, murió en Santiago de Chile, envenenado por agentes de la recién instalada dictadura de Augusto Pinochet, el gran poeta de América y el mundo, Pablo Neruda cuya obra portentosa y rotunda, desigual y abarcadora, alteraría para siempre la expresión lírica del idioma español, reseña Prensa Latina.
Su nombre original fue Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto. En octubre de 1920 comenzó a firmar definitivamente sus trabajos con el seudónimo de Pablo Neruda en honor al escritor checo Jan Neruda.
Pez de las profundidades, extraño cetáceo, monstruo de la literatura del siglo XX, Neruda llegó a la casa de la poesía, echando la puerta abajo y torciéndole el cuello al cisne del formalismo reinante, artificioso y atosigador, desde que en plena adolescencia emergió con un libro singular, Crepusculario en 1923, al cual siguió el muy célebre Veinte poemas de amor y una canción desesperada en 1924, con el que sorprendió los sentidos de miles de lectores por sus ritmos inusuales, metros inesperados y fantasmas inusitados en su fresca dicción.
En sus casi 70 años de residencia en la tierra, Neruda escribió 45 libros originales, de cuyos contenidos han brotado innumerables apartados bibliográficos, de donde a su vez se han desprendido nuevos cuadernos, plaquettes y hojas volantes tanto en lengua española como en los restantes idiomas del planeta.
Las gentes sencillas de Nuestra América han repetido versos de sus Veinte poemas de amor durante varias generaciones, como también lo han hecho con las Rimas de Bécquer o el Romancero gitano de García Lorca. Los lectores y críticos más exigentes se sorprenden a cada nueva lectura con la portentosa alucinación verbal de Residencia en la tierra, tal y como ocurre con la sumersión en La tierra baldía de Eliot o en el Anábasis de Saint-John Perse.
La resonancia de la conmemoración del 50 aniversario de su inmortalidad lo alcanzará hasta allá, hasta «la otra orilla del mar que no tiene otra orilla…».

