FANB: ¿NUEVA DOCTRINA MILITAR?
Por considerarlo de interés para los lectores de la Revista Diplomática publicamos un artículo de nuestro colaborador, analista político e Internacionalista Leopoldo Puchi.
Por Leopoldo Puchi
Por lo general, los países pierden su soberanía en medio de batallas y combates prolongados. Primero llega la guerra y después se consolida la ocupación. Más tarde vienen los tratados, la economía y las instituciones. Pero Venezuela parece estar recorriendo un camino distinto. Hubo bombardeos, pero no una rendición firmada ante las cámaras. Tampoco un desembarco ni una ocupación formal. Sin embargo, cada vez resulta más difícil responder la pregunta: ¿sigue siendo Venezuela un país plenamente soberano?
SOBERANÍA
La respuesta depende, en gran medida, de cómo definamos la soberanía. Si se entiende únicamente como la existencia de una bandera o de un gobierno reconocido la pregunta no tiene sentido. Venezuela mantiene esos atributos. Pero la historia demuestra que la soberanía no se mide solo por los signos externos, sino por la capacidad efectiva de un Estado para tomar decisiones económicas, políticas y militares sin autorización o tutela de una potencia externa. Y si hay un ámbito esencial para evaluar esa capacidad, ese es el de la política de defensa y las fuerzas armadas.
EL EJERCITO DEFINE
No es casual que los grandes imperios hayan prestado siempre una atención particular a los ejércitos de los territorios bajo su dominio. Cuando una potencia busca asegurar un control permanente, le da prioridad a la doctrina militar, la cadena de mando, el origen del armamento, la formación de los oficiales y la definición del adversario potencial. En ese sentido, la historia muestra que la transformación de un ejército implica, en última instancia, la redefinición del propio Estado.
DERROTA SIN MEMORIA
En la historia, las derrotas no son siempre hechos pasajeros o vergonzosos, sino eventos que construyen la memoria colectiva. Cuando resultan de auténticos combates, se convierten en “derrotas gloriosas” que permanecen como semillas simbólicas para el futuro. Venezuela no se sitúa en esa secuencia. La derrota militar no ha tenido una forma clásica. Lo que avanza es un proceso de subordinación sin una derrota épica capaz de fijarse como hito en la memoria nacional.
SUICIDIO
En ese contexto, la consolidación de un protectorado informal implicaría cambios estructurales en el ámbito militar. Para ello, se impondría una nueva racionalidad estratégica basada en la premisa de que cualquier confrontación militar con Estados Unidos sería suicida. De consolidarse esa lógica, serviría de fundamento para una profunda reorganización doctrinaria de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB): la resistencia dejaría de formar parte de su estrategia para convertirse en una opción excluida de su misión y de su doctrina militar.
EL NÚCLEO
En ese contexto, la doctrina militar estructurada sobre la defensa integral de la nación sería reemplazada por otra sustentada en prioridades diferentes. Si un ejército deja de operar sobre la base de una hipótesis de conflicto definida conforme a los intereses nacionales, su función se transforma. El centro deja de estar en la defensa del territorio y la soberanía, y se desplaza hacia tareas de seguridad interna, como el mantenimiento del orden y el combate al crimen organizado.
ESCENARIOS
Si se parte de las premisas anteriores, surgen escenarios posibles sobre la evolución de la institución militar, aunque ninguno es inevitable. Uno sería la reducción del aparato militar en tamaño y capacidad convencional, especialmente de defensa aérea. Otro, su transformación en una fuerza orientada a la seguridad interna. Un tercero se acercaría al modelo de Costa Rica, con desaparición del ejército convencional y sustitución por estructuras civiles de seguridad. Un cuarto escenario combinaría la conservación de símbolos militares con la pérdida de funciones estratégicas reales.
Existen numerosos precedentes de fuerzas armadas subordinadas que no operaban bajo ocupación abierta, sino dentro de estructuras de control sutiles.
LA INDEPENDENCIA
Los acontecimientos indican que estaríamos ante una transformación profunda del estatus de soberanía sin derrota clásica. Los signos exteriores del Estado pueden permanecer en la normalidad institucional, e incluso las fuerzas armadas conservar sus estructuras. Sin embargo, la cuestión decisiva se sitúa en otro plano: si una nación no puede decidir quién es su adversario potencial y qué tipo de armas necesita para enfrentarlo, un núcleo esencial de la soberanía deja de existir, aunque sus formas jurídicas se mantengan.
En este contexto, Venezuela no estaría ante una simple adaptación institucional, sino ante una reconfiguración de su institución militar: el paso de una fuerza armada concebida para garantizar la independencia plena hacia una estructura inscrita en un marco de subordinación estratégica.
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