EL MÉTODO DE HAWÁI
Por considerarlo de interés para los lectores de la Revista Diplomática publicamos un artículo de nuestro colaborador, analista político e Internacionalista Leopoldo Puchi.
Por Leopoldo Puchi
Hubo un tiempo en que los imperios conquistaban territorios con ejércitos y proclamas solemnes. Hoy, los actos de fuerza son solo el comienzo de un proceso en el que se va cambiando la relación política entre dos Estados, hasta que la pérdida de soberanía termina pareciendo un hecho normal. Esa transformación comienza mucho antes de la firma de un tratado, cuando el poder militar, el control económico y la presión diplomática crean una realidad que luego el derecho termina formalizando.
Hace más de un siglo, en el Reino de Hawái, esa secuencia quedó expuesta con claridad. La intervención estadounidense produjo primero una situación de hecho y, posteriormente, una nueva forma de relación política. Hawái mostró así un método que posteriormente reaparecería bajo distintas modalidades: primero se modifica la relación de poder y después se busca qué nombre jurídico ponerle.
HAWÁI 1893
La crisis estalló en enero de 1893. Un grupo de dirigentes y empresarios vinculados a los intereses azucareros, con el respaldo de fuerzas militares estadounidenses desplegadas en Honolulú, tomó el control del Estado hawaiano y proclamó el derrocamiento de sus autoridades.
Hawái era entonces un Estado soberano y disponía de medios para resistir, pero sus autoridades cedieron provisionalmente el ejercicio del poder confiando en que Estados Unidos restituiría la soberanía del país. Esa restitución nunca ocurrió. El hecho consumado terminó consolidándose y abrió el camino a su posterior incorporación como el estado número 50 de Estados Unidos.
EL NUEVO LENGUAJE
El caso hawaiano representa una lógica que Estados Unidos desarrollaría posteriormente bajo nuevas formas. Junto a la ocupación y la anexión aparecieron mecanismos más flexibles de influencia, mediante acuerdos políticos, militares o económicos. El nuevo lenguaje sería el de la “asociación”, la “cooperación” o la “seguridad compartida”.
ADAPTACIÓN
La experiencia estadounidense del siglo XX muestra cómo las formas de dominación se adaptaron a un mundo en el que el colonialismo abierto había perdido aceptación. Después de la etapa de anexiones territoriales, surgieron fórmulas que preservaban una apariencia de autonomía, pero mantenían distintas formas de subordinación. Puerto Rico es el ejemplo más conocido: el Estado Libre Asociado.
En el Pacífico, los acuerdos de asociación con las Islas Marshall, Micronesia y Palaos crearon Estados reconocidos internacionalmente, aunque bajo tutela de Estados Unidos mediante los tratados de libre asociación conocidos como COFA. Paralelamente, acuerdos militares como el de Bahamas permitieron ejercer poder sin necesidad de una administración colonial directa.
LO PRIMERO
Es en este punto donde el caso venezolano adquiere una dimensión particular. La lógica de las nuevas formas de subordinación no comienza con un estatus jurídico definido ni con un acuerdo formal, sino con la creación de una situación de hecho. Después del ataque militar del 3 de enero, se configuró una relación de poder que abarca ámbitos políticos, militares y económicos, lo que crea las condiciones para establecer posteriormente una fórmula institucional que convierta esa nueva realidad en un orden formalizado.
HECHOS CONSUMADOS
En Venezuela, la situación creada abarca ámbitos esenciales de la soberanía estatal. Incluye sectores estratégicos como la actividad petrolera y minera, la administración de los ingresos derivados de su explotación y la comercialización de esos recursos; una presencia militar en el Caribe que se proyecta en los espacios marítimos y aéreos venezolanos; y una capacidad para condicionar la política exterior. La soberanía jurídica permanece, pero muchos de los instrumentos necesarios para ejercerla han quedado en manos de una potencia extranjera.
PERMANENTE
Más de un siglo después de Hawái, la experiencia muestra que los hechos consumados pueden modificar una relación de poder antes de que se le dé una forma jurídica definitiva. Las formas pueden cambiar y el lenguaje puede adaptarse, pero la lógica permanece: primero se crea una nueva realidad de subordinación y después se busca la fórmula jurídica para consolidarla. Lo decisivo, entonces, no es solo el nombre que finalmente reciba esa relación, sino cuánto de la soberanía original quedará cuando llegue ese momento.
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