SE CUMPLEN 70 AÑOS DEL FALLECIMIENTO DE EVITA PERÓN

26/julio 2022

El 26 de julio de 1952 María Eva Duarte de Perón dio su último suspiro y se despidió. Había luchado durante dos años contra una “apendicitis” mal diagnosticada que luego se convirtió en un cáncer de cuello uterino. Enfermedad que podría haber sobrellevado la Primera Dama de haber sido detectada antes. Jorge Albertelli, su ginecólogo, quien se mudó durante tres meses a la residencia presidencial, realizó la biopsia y el posterior tratamiento de esta patología que ya recorría las “venas” de Evita y que estaba muy cercana a la metástasis.

¿Podría al fin “la abanderada de los humildes” descansar en paz?, No.

Su fallecimiento se convirtió en una cuestión de Estado. Y más que eso en decenas de leyendas urbanas que nacieron en diferentes instituciones y organismos. Lo cierto, Evita tuvo un largo velorio que fue del 27 de julio al 9 de agosto, fue embalsamada y su cuerpo descansó durante un tiempo en la Confederación General del Trabajo. El 16 de septiembre de 1955 Perón fue derrocado y meses después secuestraron el cadáver de Evita de la CGT. Aun muerta ella era demasiado poderosa para el gobierno de facto.

El cuerpo deambuló durante un tiempo por diferentes lugares hasta que en abril de 1957 fue embarcado en secreto hacia Génova en el barco Conte Biancamano. La tumba 41 del campo 86 del Cementerio Mayor de Milán fue su destino final. ¿Qué papel cumplió la iglesia?

Sergio Rubín, periodista religioso, escritor y biógrafo dedicó su pluma y su tiempo para crear “Secreto de confesión”. Un libro donde el autor contesta “cómo y porqué la iglesia ocultó el cuerpo de Evita durante 14 años”.

El reconocido periodista aclaró: “Recordemos que en la dictadura de Aramburu la revolución libertadora no sabía qué hacer con el cuerpo. Le tenían miedo. Increíble, porque temían que se hicieran del cuerpo los peronistas y con eso armaran una contrarrevolución. Querían o esconderlo o destruirlo pero Aramburu no quería, en ese momento la iglesia no permitía la cremación. No sabían qué hacer hasta que apareció un sacerdote, capellán de Granaderos que empezó a urdir el plan para sacar el cuerpo bajo un nombre falso, acompañado por un supuesto familiar y para enterrarlo al cuidado de una orden religiosa en Milán. Fue un plan que se le llevó al Presidente y que se puso en marcha”.

El plan para trasladar al cuerpo de Eva lo sabían sólo el jefe de inteligencia del Ejército, el coronel Héctor Eduardo Cabanillas, el suboficial que acompañó el cuerpo, el sacerdote que intervino en Argentina y el que lo recibió. La laica consagrada que fue todos los meses a llevarle flores no conocía cuál era la identidad de la persona

Juan Domingo Perón,, Inicialmente no sabía pero luego tuvo la sensación de que la iglesia había intervenido. Al tiempo recibe un aviso de que efectivamente había sido así y que había contado con el consentimiento del Papa Pío XII. Perón había terminado mal con la iglesia pero en el fondo quería tener una buena relación, era católico. En septiembre de 1971, en Madrid, se le devolvió el cuerpo embalsamado de Eva Duarte de Perón.