DRONES: EL SILENCIO DE LA SOBERANÍA
Por considerarlo de interés para los lectores de la Revista Diplomática publicamos un artículo de nuestro colaborador, analista político e Internacionalista Leopoldo Puchi.
Por Leopoldo Puchi
La cámara del dron grabó la escena desde cientos de metros de altura. Las imágenes divulgadas duraron apenas unos segundos. Se veía una vivienda de techo verde entre la vegetación y la tierra rojiza. No había voces. No había rostros. No había contexto. Apenas una pequeña cruz digital en el centro de la pantalla. Después se produjo el estallido. Segundos más tarde, la estructura desapareció bajo una nube de humo.
ESTADO BOLÍVAR
Puede decirse que ya estamos acostumbrados a escenas parecidas, con los ataques que hemos visto en el Caribe y en otros escenarios. Pero esta vez hay una diferencia fundamental. La vivienda alcanzada por el misil no estaba en aguas internacionales, ni en una zona de guerra reconocida, ni en un territorio en disputa. Estaba en el estado Bolívar, al sur de Venezuela, dentro del territorio soberano de una república latinoamericana.
PERTURBADOR
Donald Trump exhibiría públicamente las imágenes para anunciar que fuerzas militares estadounidenses habían ejecutado una operación mortal contra el “Niño Guerrero”. La atención se concentró en el objetivo alcanzado, en sus delitos y en los detalles operativos. Sin embargo, la actuación militar de Estados Unidos dentro del territorio venezolano quedó en segundo plano, pese a ser la dimensión política más relevante del episodio.
COINCIDENCIA
En Venezuela no se produjo una reacción de rechazo extendido al lanzamiento de un misil extranjero sobre su territorio. Por el contrario, los dos grandes polos del sistema político coincidieron en su valoración. El Gobierno respaldó la operación y la oposición agrupada en la Plataforma Unitaria, junto a figuras como María Corina Machado, también expresó su apoyo.
DISONANTES
Las objeciones provinieron principalmente de sectores de izquierda, de organizaciones de derechos humanos y de algunas personalidades que cuestionaron tanto el carácter extraterritorial de la operación como la ausencia de debido proceso. Sus pronunciamientos, basados en el principio de soberanía y en el Estado de derecho, no lograron articular un bloque político de peso ni desplazar el eje del debate.
EL LÍMITE
Plantear estos principios no es retórica. Ninguna dirigencia política acepta con facilidad la presencia de militares extranjeros actuando y matando dentro de su propio territorio, incluso en contextos de afinidad estratégica. Como señala Max Weber, el Estado moderno se define por el monopolio legítimo de la fuerza dentro de un territorio. Si unidades militares extranjeras intervienen directamente, ese principio deja de ser teórico y se convierte en un problema político concreto. La soberanía no funciona como un instrumento flexible, sino como un límite. Y si ese límite se traspasa sin rechazo, aunque sea de forma puntual, la relación entra en una lógica de dominio y subordinación.
TUTELA
Lo ocurrido en el Arco Minero no aparece como un hecho aislado. Forma parte de una secuencia bélica más amplia. Primero, el despliegue naval en el Caribe. Luego la agresión militar a Venezuela del 3 de enero. Después, los ejercicios de respuesta rápida en Caracas. Más tarde, los reportes de sobrevuelos y drones en la zona minera. Finalmente, el ataque ejecutado por fuerzas estadounidenses dentro del estado Bolívar. Vistos en conjunto, estos episodios describen una serie de intervenciones que apuntan hacia una relación de tutela militar permanente, visible en la reiteración de estas operaciones, aún sin formalización política.
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