EL ESPEJISMO DE LA PROSPERIDAD

03/agosto 2026

Por considerarlo de interés para los lectores de la Revista Diplomática publicamos un artículo de nuestro colaborador, analista político e Internacionalista Leopoldo Puchi.

Por Leopoldo Puchi

En la historia de Puerto Rico, pocos nombres están tan asociados a la creación del Estado Libre Asociado como Teodoro Moscoso. Su trayectoria comenzó lejos de la política, hasta que se incorporó al Partido Popular Democrático y se convirtió en uno de los colaboradores más cercanos .de quien entonces defendía la independencia, Luis Muñoz Marín. A Moscoso le correspondió diseñar el programa económico “Manos a la Obra” que prometía transformar la isla mediante inversión extranjera y nuevas empresas.

ABANDONO

Al mismo tiempo que se lanzaba ese programa de prosperidad, el país estaba definiendo una cuestión decisiva para cualquier nación: el destino de su soberanía. Para entonces, Muñoz Marín había comenzado a abandonar la independencia como objetivo nacional con el argumento de que el problema urgente de Puerto Rico no era la independencia, sino el desarrollo y la creación de riqueza.

DESCOLONIZACIÓN

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el mundo entró en una de las mayores olas de descolonización de la historia. En Asia y África, decenas de pueblos recuperaban su independencia y los imperios europeos iniciaban su repliegue. América Latina llevaba más de un siglo de vida republicana. Todo hacía pensar que Puerto Rico seguiría ese camino. Sin embargo, ocurrió lo contrario. Mientras buena parte del mundo avanzaba hacia la soberanía, Puerto Rico quedó atrapado en el Estado Libre Asociado. La gesta de Pedro Albizu Campos y la insurrección de Jayuya demostraron que, incluso en las circunstancias más adversas, hubo quienes resistieron la consolidación del nuevo estatus.

INVERSIONES

Consolidado el liderazgo de Muñoz Marín, la independencia fue relegada. El objetivo pasó a ser atraer inversiones y levantar empresas. El espejismo de una prosperidad rápida contribuyó a hacer aceptable la renuncia al Estado soberano y desplazó la independencia como horizonte nacional. La Operación Manos a la Obra fue mucho más que un programa económico. Terminó convirtiéndose en la cobertura del abandono del proyecto nacional de emancipación.

LA OPERACIÓN

Ciertamente, el plan económico produjo transformaciones. Bajo la dirección de Moscoso, Puerto Rico pasó a un modelo industrial basado en la llegada de empresas manufactureras, incentivos fiscales y capital estadounidense. Para una sociedad marcada por graves problemas, los nuevos empleos y la expansión del consumo representaban un cambio. Esos cambios económicos permitieron ocultar el costo político del proceso.

GOBIERNO LOCAL

El Estado Libre Asociado, presentado como una fórmula de autogobierno, permitió a Estados Unidos abandonar la imagen de colonia tradicional. Puerto Rico conservó un gobierno local, constitución e instituciones propias, pero la defensa, la política exterior, la moneda y el marco jurídico superior permanecen bajo autoridad estadounidense.

FRACASO

Con el tiempo, aquella promesa económica reveló sus límites. La agricultura fue desplazada y la pobreza rural sustituida por una pobreza urbana. Puerto Rico quedó integrado como un enclave económico estadounidense, con beneficios que terminaban fuera de la isla. Lo que fue presentado como un camino hacia la autosuficiencia terminó generando una dependencia absoluta.

LA RENUNCIA

Hoy, cuando se mira hacia Puerto Rico, pocos recuerdan los detalles de aquel plan económico impulsado por Teodoro Moscoso. Con la perspectiva del tiempo, queda claro que lo esencial de aquel momento histórico no fueron las inversiones de capital estadounidense ni el crecimiento prometido, sino la renuncia a la independencia y la aceptación de una tutela estadounidense.

SOBERANÍA

La historia de Puerto Rico muestra que las relaciones coloniales no se consolidan únicamente mediante la fuerza. También necesitan una promesa capaz de desviar la mirada y relegar a un segundo plano la cuestión esencial: quién ejerce el poder de decisión sobre una nación.

Pero la soberanía y la independencia no son cuestiones secundarias ni aspiraciones abstractas, sino el fundamento que permite a un pueblo decidir su destino. Cuando ese principio se sacrifica en nombre de una prosperidad prometida, no solo se pierde la autonomía del Estado, sino la existencia misma de la nación.

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