NUEVO ORDEN INTERNACIONAL. OCCIDENTE EN DECLIVE: ‘GLOBALIZACIÓN Y GLOBALISMO’

31/julio 2025

Por considerarlo de interés para los lectores de la Revista Diplomática publicamos un artículo de nuestro colaborador e Internacionalista Rodulfo H. Pérez Hernández

Por: Rodulfo H. Pérez H.

Profesor de Ciencias Sociales

Especialista en Historia

Máster en Educación

Embajador de la República Bolivariana de Venezuela ante la UNESCO

Globalización y Globalismo

I.- La globalización como proceso histórico y social y el globalismo como movimiento ideológico.

La globalización ha sido una de las fuerzas dominantes de las últimas décadas, transformando economías, culturas y sistemas políticos a escala planetaria. Sin embargo, en los últimos años se ha hecho evidente una fractura entre los procesos objetivos de globalización y un proyecto ideológico y político conocido como globalismo. Es urgente la distinción crítica entre ambos conceptos, analizando su origen, su desarrollo y las respuestas que ha generado desde diversas regiones del mundo, especialmente desde nuestra América.

La globalización puede entenderse como un proceso multidimensional de creciente interconexión e interdependencia mundial. Si bien, tiene raíces que se remontan a la expansión colonial europea, su forma contemporánea responde a la revolución tecnológica, ¿la financiarización del capital y la liberalización del comercio promovida desde las décadas de los 70 y 80. Autores como David Harvey han señalado que este proceso ha sido acompañado por una acumulación por desposesión, intensificando desigualdades en beneficio del capital transnacional. La globalización, por tanto, no es neutra ni necesariamente emancipadora: su configuración concreta responde a relaciones de poder.

El globalismo, por su parte, es la ideología que acompaña y justifica la imposición de un orden neoliberal homogéneo, gobernado por el capital financiero, corporaciones transnacionales y élites tecnocráticas. Su objetivo es erosionar las soberanías nacionales, socavar los marcos democráticos y subordinar toda forma de organización social a las lógicas del mercado. Como ha señalado Zygmunt Bauman, el globalismo convierte a los ciudadanos en consumidores y a los Estados en gerentes de intereses privados. Además, oculta su vocación imperialista bajo el velo del progreso y la integración, promoviendo una cultura de desarraigo, individualismo y sometimiento.

El resurgimiento de proyectos nacional-populares, la revalorización de la soberanía económica y la crítica a las cadenas globales de valor han dado paso a una reconfiguración geopolítica. Las élites globalistas enfrentan hoy una resistencia creciente en múltiples frentes, desde la derecha nacionalista europea hasta los movimientos de izquierda soberanista en nuestra América, África y Asia. Este escenario pone de manifiesto una crisis estructural de legitimidad del orden liberal occidental.

Frente al avance del globalismo liberal occidental, ha emergido a escala planetaria una resistencia política y geoestratégica que rechaza tanto el dominio unipolar de Estados Unidos y Europa como la imposición de un modelo civilizatorio tecnocrático, individualista y financiarizado. Esta resistencia no se limita a los grandes polos emergentes como China, Rusia, India o Irán, sino que tiene una expresión histórica profunda en el continente americano, especialmente desde finales del siglo XX con la irrupción de la Revolución Bolivariana en Venezuela.

El proyecto bolivariano liderado por Hugo Chávez, no solo recoge las más altas aspiraciones históricas del pueblo venezolano por construir una sociedad de iguales y de soberanía, con un claro sentido continental, es que siendo así, se inscribe en la lógica del anti globalismo y está a favor de Globalización y Globalismo un multipolarismo que permita la existencia en paz de todas las culturas que constituyen la humanidad. ‘La vigencia del proyecto bolivariano radica entonces, en su profunda raíz histórica y social y en la correspondencia con la situación histórica de lucha de los pueblos específicamente en la coyuntura que se abre en la década de los 90, del siglo XX. Es por tanto objetivo nuestro la real existencia de un mundo donde las civilizaciones, los modelos económicos y los proyectos culturales puedan coexistir sin imposiciones. Chávez lo resumió con claridad: ‘Un mundo pluripolar no es solo una necesidad económica, es una necesidad ética y política para la humanidad’.

China y Rusia, junto con países del sur global avanzan en la construcción de mecanismos financieros alternativos que emancipen a las naciones de yugo que significa el dólar y sus sistemas financieros, comerciales y de pagos. La construcción de marcos tecnológicos compartidos y acuerdos comerciales que no impongan subordinación, ni chantajes financieros, ni políticos sobre la base de la agresión militar, avanzan en la misma medida en que decrece la industria norteamericana y europea. Del mismo modo, a Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia junto al resto de los países integrantes del Alba, nos corresponde ya no solo continuar con la resistencia, es momento ahora de pasar a la contra ofensiva que permita que nuestros sistemas productivos y estructuras comerciales nos den soberanía, en la misma medida en que nos permiten autoabastecernos y generar capitales que a su vez generen procesos productivos en industria, manufactura, ciencia y tecnología. La unión de nuestros pueblos y la integración de nuestros aparatos productivos, comerciales y nuestros centros de producción de ciencia y tecnología podrán ponernos en posibilidades de entrar en el mundo multipolar que se asoma con posibilidad de intercambiar y de mantener relaciones de respeto, solidaridad y cooperación.

Nuestra América vivió momentos estelares en los primeros años del siglo XXI con el liderazgo de los líderes anti globalistas de nuestra América, sus liderazgos constituyen la expresión de la acumulación de fuerzas anti globalistas en nuestra América. Esa correlación de fuerzas que tiene como su evento iniciático a la IV Cumbre de las América s en Mar del Plata en Argentina en noviembre de 2005, donde el movimiento globalista con el gobierno norteamericano a la cabeza pretendió imponer una zona de libre comercio en el hemisferio, para ofrecer los recursos naturales, los aparatos productivos y los servicios de los países de nuestra América a los capitales occidentales. Era ese el segundo intento de consolidar el dogma neoliberal en nuestras tierras, ya con importantes avances conseguidos durante la década de los 80 y los 90. Sin embargo, el liderazgo de Fidel Castro, Néstor Kirchner y Hugo Chávez impidieron que se aprobase el ALCA, comenzado un tiempo de recomposición de la correlación hemisférica a favor del proyecto bolivariano, y al globalismo y sus antecedentes históricos el monroísmo y el santanderismo. Se evitó de esa manera que avanzara en nuestra América la desindustrialización, la pérdida de soberanía, abriendo paso a nuevas organizaciones de unión de nuestra América como la CELAC y la UNASUR y favoreciendo la relación con los centros de poder mundial emergentes.

Como advirtió Samir Amin, sin un internacionalismo del Sur, la transición multipolar podría derivar en una disputa entre élites sin beneficio real para los pueblos. La emergencia de un mundo nuevo exige no solo redistribuir el poder, sino imaginar desde perspectivas propias los principios y los conceptos.

Mientras el occidente global se anclaba en dogmas liberales y se encadenaba a los grupos económicos vinculados a sectores de la banca y las finanzas, nuestra América y China contó con una dirección política que permitió comprender las decisiones que en Estados Unidos y Europa se tomaban y responder a estas con oportunidad y pertinencia. Mientras los norteamericanos y europeos abandonaban a sus capitales y a sus industrias, la dirección china les ofreció oportunidades, y soluciones y los liderazgos y abrieron espacio a unión y la integración.

La distinción entre globalización y globalismo no es solo conceptual, sino política. Mientras la globalización expresa un fenómeno histórico que tiene su origen en tendencias históricas y sociales del desarrollo del capitalismo del cual se generan contradicciones que pueden afectar o favorecer el avance de nuestros proyectos políticos, el globalismo representa una ideología hegemónica que debe ser debatida y confrontada. En este marco, es imprescindible identificar los grupos financieros que lo soportan y exponen, así los individuos que son sus principales impulsores. Si bien David Rockefeller y Henry Kissinger fueron importantes defensores de sus ideas y principios, es Georges Soros desde la Open Society Foundations quien da el mayor impulso a la estrategia globalista.

Desde 1984 Soros ha invertido más de 32 mil millones de dólares en iniciativas de imposición de los principios liberales occidentales. Soros supera la inversión anual de 900 millones de dólares en iniciativas globalistas. Esta tiene una orientación general en la lucha cultural, centrada en difundir la ideología de neutralidad y universalidad de los principios y conceptos globalistas. El activismo político es el principal destinatario de esos fondos, con un importante financiamiento a organizaciones no gubernamentales que difunden elementos culturales como la lucha por los derechos humanos y la democracia desde la perspectiva liberal. Las campañas pro globalistas de Soros y la Open Society Fundations están dirigidas a nuestra América, África, Europa oriental, Asia central, y el Sur Global en General.

Compañías como BlackRock, con su historial de vínculos en chantajes y agresiones a países que defienden su soberanía, importantes conglomerados financieros como Vanguard Group, Goldman Sachs, JPMorgan Chase, Morgan Stanley. Transnacionales vinculadas a las tecnologías de la información y la comunicación como Google, Alphabet, Microsoft, Apple, Facebook, Meta, Amazon.

Grupos industriales como Pfizer, Moderna, Bayer-Monsanto, Nestlé guardan una importante relación con la estrategia globalista. Particular importancia revisten tanto Tesla como SpaceX propiedad del controvertido Elon Musk. Junto a él destacan importantes figuras del mundo occidental global como: Bill Gates, Klaus Schwab, Salim Ramji y Jhon Bogle. Christine Lagarde ex-directora del F.M.I., Rebeca Grynspan Secretaría General de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, Achim Steiner Administrador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Ngozi Okonjo-Iweala, Directora General de la Organización Mundial de Comercio, Mathias Cormann, Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Borge Brende Presidente del Foro Económico Mundial, Rebeca Gryspan Secretaria de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo, todas figuras destacadas del entramado institucional de organizaciones multilaterales a favor de la imposición del relato globalista.

Importantes figuras políticas de occidente: Emmanuel Macrón Presidente de Francia, Angela Merkel, ex-presidenta de Alemania, Ursula von del Leyen Presidenta de la Unión Europea, David Cameron ex-Primer Ministro del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, Barack Obama ex-Presidente norteamericano, Justin Trudeau ex-Primer Ministro de Canadá, Volodimir Zelenski Presidente de Ucrania y Benjamín Netanyahu Primer Ministro Israelí son las voces políticas encargadas de dar sentido a una agenda cada vez más desgastada y menos creíble que se enfrenta al doble rasero de sus acciones que benefician a sus aliados y condenan a quienes defienden la soberanía, la paz y el respeto de la diversidad cultural.

II.- Venezuela en el laberinto del desarrollo del capitalismo en tiempos de globalización y la lucha a favor de la paz y la diversidad cultural.

 A finales de la década de los 80 y el principio de los 90 del siglo XX le correspondió al pueblo venezolano alzarse contra la imposición del proyecto globalista en Venezuela, de la mano del plan neoliberal que lideró Carlos Andrés Pérez. Entre el 27 de febrero de 1989 y el 4 de febrero de 1992 se desarrolló una coyuntura que permitió organizar una fuerza popular revolucionaria anti-neoliberal y profundamente bolivariana. Esa fuerza liderada por Hugo Chávez rescató el proyecto histórico de Bolívar, contentivo de las más puras aspiraciones emancipadoras del pueblo venezolano de construir una sociedad de igualdad y soberana con un claro sentido americanista. Hugo Chávez fue el líder de ese movimiento socio-histórico y político no por un tema de marketing político, no por un tema comunicacional, no por oportunismos de salir en el momento preciso y decir el ‘Por Ahora’.

Hugo Chávez fue el líder político de ese reordenamiento popular debido a que entendió que la globalización era un fenómeno objetivo del desarrollo del mundo y que este había entrado en una nueva situación que le daba una característica global a los fenómenos que enfrentaba. La Globalización implicaría un momento del proceso de acumulación del capital que ofrecía serios desafíos para los pueblos del mundo.

A finales de la década de los 80 y principios de los 90 surgieron acontecimientos paradójicos.

Imperceptibles en su vinculación y en su tendencia histórica a la vista ausente de agudeza y del detalle en su contexto general. Hechos contradictorios que fijaron el rumbo del mundo y donde radica buena parte de las causas de la situación actual mundo occidental, del eje chino ruso y del resto del sur global dentro del cual se encuentra nuestra América y específicamente Venezuela.

En el momento en que el capitalismo vencía al socialismo. En el momento en que Estados Unidos vencía a la Unión Soviética y esta se disolvía y que Fukuyama anunciaba el Fin de la Historia y la victoria de la burguesía y de su ética; en ese momento; por una parte se hacen hegemónicas las tesis neoliberales con el Consenso de Washington (1989) y la burguesía financiera expropia la propiedad de los bienes públicos del Estado norteamericano y del Estado británico por la vía de la privatización de grandes segmentos del los aparatos productivos norteamericano y británico, así como de importantes servicios públicos. En China se comienza profundizar la reforma económica con la incorporación del capital y la propiedad privada a la estructura variada y diversa de propiedades del aparato productivo chino, se crean las zonas económicas especiales y se desarrollan los planes quinquenales. En Venezuela, por su parte se producen las primeras rebeliones populares contra el neoliberalismo; el Caracazo y la insurrección del 4-F.

En Estados Unidos el gobierno de Ronald Reagan y en el Reino Unido el Gobierno de Margaret Thatcher desmontan el Estado de Bienestar. La explicación de tal situación se daba en forma de falsa conciencia de realidad en el dogma neoliberal se argumenta que no hay fondos financieros para planes públicos y que la ineficiencia del Estado y su burocracia justificaba la privatización de importantes segmentos del aparato productivo y de importantes servicios. El Estado debía reducir su tamaño y ceder espacio a la empresa privada. Se disminuía la importancia de lo público y se daba preminencia a lo privado.

¿Por qué? la verdad era que la guerra del Yon Kipur en 1973 significó la entrada de grandes flujos de capital a las compañías petroleras y los bancos de occidente, producto del aumento de los precios del petróleo como consecuencia del embargo que aplicaron los países árabes a quienes habían apoyado a Israel. Daniel Yergin en su libro The Prize sostiene que Nunca antes las compañías petroleras habrían visto ganancias tan descomunales en tan poco tiempo. Lo que para los gobiernos fue una pesadilla energética para las grandes petroleras fue una bonanza.

Los costos de producción aumentaron, al dispararse los costos del transporte y la electricidad generando en un primer momento una gran inflación de los precios de los bienes de consumo en niveles descontrolados y posteriormente una contracción económica derivada de la incapacidad de los mercados de asimilar esos bienes de consumo a elevados precios. Los economistas bautizaron a este nuevo fenómeno como, Estanflación al combinar una alta inflación con estancamiento económico.

Las compañías petroleras norteamericanas y europeas controlaban el 85% del mercado. Mientras que los países occidentales colapsaban por los altos precios del petróleo sus compañías obtuvieron unas descomunales ganancias que fueron a parar a sus bancos. Ese capital represado en los bancos occidentales se dirigió hacia los países del sur global en un también novedoso fenómeno, la Deuda Externa, en forma de créditos vinculados a procesos proyectos de desarrollo de las fuerzas productivas de los países y mucho menos a la generación de mejores condiciones de vida para sus pueblos. Los países del sur global recibieron créditos sin que existiesen intensiones de desarrollo de los países. Las mismas élites que dirigían esos países con la finalidad de permitir la expoliación de los recursos nacionales y en detrimento de sus pueblos y de sus soberanías aceptaron los créditos, los cuales se convirtieron en impagables debido a la inexistencia de procesos de industrialización capaces de reproducir esos flujos de capital y transformarlos en capitales que generativas de ganancias y capitales para pagar y seguir produciendo. La inexistencia de planes de desarrollo autónomos de los mecanismos de dominación de los centros capitalistas genero la acumulación de deuda y el surgimiento de otro novedoso fenómeno: La Deuda Externa, esencialmente impagable que a su vez llevó a los países del sur global a no solo ser exportadores de materias primas, también a ser exportadores de capital por la vía de los planes de refinanciamiento de la deuda. Eduardo Galeano en su libro Las Venas Abiertas de América Latina escribió: ‘La deuda externa no nació del pecado original de los pueblos latinoamericanos, si no de la codicia de los banqueros del Norte y la complicidad de las oligarquías del Sur. Nos prestaron dinero que ellos mismos impusieron cómo, cuándo y a qué precio, luego nos cobraron con nuestras propias venas’.

Para cumplir esa doble misión: expropiar la propiedad de importantes sectores del aparato productivo norteamericano y británico y conseguir hacer de los países del sur global exportadores de capital por la via del pago de la Deuda Externa se debía desmontar el ideario conceptual y cultural sobre el cual occidente había sobrevivido y enfrentado a la Unión Soviética. El Keynesianismo fue desechado junto a la idea de lo público y se echó mano de aquella doctrina expuesta por Alexander Rüstow en el Coloquio Walter Lippmann de París en 1938 y relanzada por Milton Friedman en la década de los 60 desde la Universidad de Chicago y aplicada por los economistas chilenos formados en esa universidad y vinculados al gobierno de Augusto Pinochet.

El neoliberalismo fue el relato doctrinario que Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido levantaron para justificar que el sector financiero que había acumulado aquel capital surgido de las ganancias de la guerra del Yon Kipur y que primariamente había sido orientado a generar el fenómenos de la Deuda Externa de los países del sur global, particularmente de nuestra América también se orientara a captar grandes sectores del aparato productivo y el sector de servicios de Estados Unidos y el Reino Unido.

En China por su parte, en ese preciso momento se empezaba a profundizar las políticas de reforma económica iniciadas por Deng Xiaoping en la década de los 70?. El Partido Comunista de China lanza un conjunto de políticas que fundamentan el ‘Socialismo con características chinas’, su economía se abre al capital extranjero y comienza un proceso acelerado de creación de condiciones favorables para que ese se convirtiese en el receptor de industrias que tenían su asiento en Estados Unidos y en Europa. Se permitió el desarrollo de la propiedad privada y se crearon Zonas Económicas Especiales, generó una expansión del sistema educativo y Al contrario de lo sucedido en Chile, en Estados Unidos y el Reino Unido el Partido Comunista de China no desechó principios y conceptos fundamentales del pensamiento socialista. En China no se desechó al Estado, ni se redujo su influencia en la dirección de la economía y la sociedad como un todo, por el contrario se fortaleció el papel de éste como sujeto de dirección de la sociedad y la economía y como redistribuidor de la riqueza en función del desarrollo de condiciones de vida de la población.

Los planes quinquenales con participación privada y estatal regulados y evaluados por organismos públicos se convirtieron en herramienta de planificación y de seguimiento y evaluación de la gestión de la gobernanza.

Para finales de los años 70, China tenía un aparato productivo rural, escasamente industrializado, y gran parte de su población viviendo en condiciones de pobreza, alrededor de 700 millones de habitantes, los cuales, en gran número tenían condiciones de trabajo medievales. La profundización de la política diseñada por Deng Xiaoping y dirigida por el Partido Comunista de China, generó las condiciones para que se iniciase una tendencia general de migración de capitales e industrias radicadas en Estados Unidos y en Europa hacia China.

Mientras que en Estados Unidos y el Reino Unido el neoliberalismo ‘liberó’ a los capitales norteamericanos y europeos de cualquier tipo de regulación y obligación social, en China el Estado dirigido por el Partido Comunista construyeron condiciones superiores para producir y acumular capital usando diversas formas de propiedad y estableciendo regulaciones que aseguraban la producción y el pago de impuestos y compromisos con el Estado encargado de dirigir el desarrollo de la sociedad y redistribuir la riqueza. China, sin renunciar a su soberanía generó a su vez una tendencia de desarrollo científico tecnológico que seguía el flujo de llegada y establecimiento de industrias y capitales que antes estaban radicados en occidente. Como resultado; se produjo una estructuración de sistemas productivos establecido en China y su sistema educativo y de centros de producción científica tecnológica. En la medida en que se establecían industrias, en esa medida se estimulaba la generación de conocimiento científico y producción de tecnología.

Por su parte occidente se desindustrializó y sus sistemas de producción de conocimiento científico tecnológicos se desaceleraron y se desestructuraron. No existían industrias que solicitaran ciencia y tecnología y sus sistemas educativos privatizados y orientados hacia el interés individual dejaron de tener un sentido de país, de proyecto civilizatorio. En la década de los 70 y los 80 se desarrolló una gran operación ideológica para favorecer a la burguesía financiera en detrimento de los pueblos de Estados Unidos y Europa y de sus naciones que tiene como saldo histórico haber desindustrializado al mundo occidental y haber cedido el epicentro del nuevo orden internacional a China y a los países que siguieron una ruta similar.

En la última década del presente siglo occidente, dirigido por su burguesía financiera se embarcó en el reiterado camino de la supremacía y de la guerra. Continuó la agresión a Palestina de la mano del genocidio del cual es víctima ese pueblo desde hace 75 años con el objetivo de expropiar sus tierras, decidió acabar con la revolución bolivariana usando el método de agresión usado contra la revolución cubana por intermediación de medidas coercitivas unilaterales e ilegales, decidió emprenderla contra Rusia y se fijó el objetivo de derrotarla militarmente con un guerra por mampuesto usando al gobierno títere de Ucrania, para luego ir sobre China y recuperar el asentamiento de industrias y capitales migrados y por último ha intentado acabar con la revolución islámica de Irán. De todos estos procesos occidente ha salido derrotado y su narrativa ha quedado vacía de contenido evidenciando el declive de occidente y de su civilización mostrando la real posibilidad de que su declive sea el preámbulo para surgimiento de un orden mundial multipolar que favorezca la coexistencia pacífica de los pueblos del mundo en su maravillosa diversidad.