¿SABES POR QUÉ EL CIELO SE ILUMINÓ DE ROJO EN CARACAS Y LA GUAIRA?
Al atardecer del martes 30 de junio, usuarios en redes sociales reportaron un cielo rojizo que sorprendió a los caraqueños y ciudadanos de la región capital. ¿Cuál es la razón de este fenómeno?
El cielo rojo observado tras un sismo responde a un fenómeno óptico y meteorológico derivado de la alta concentración de partículas en el aire, conocido como dispersión de Rayleigh.
Tras un movimiento telúrico, la liberación de polvo, arena y escombros microscópicos a la atmósfera filtra la luz solar; este proceso permite que solo atraviesen la capa de aire las ondas más largas, las cuales corresponden a los tonos rojizos y anaranjados que se observan en el horizonte.
Este fenómeno se ve potenciado por la saturación atmosférica, especialmente si el evento sísmico coincide con condiciones climáticas como vientos fuertes o la presencia de nubes de polvo, como el proveniente del Sahara.
Cuando estas partículas se acumulan, actúan como un filtro natural que intensifica la coloración del cielo, un evento que suele confundirse erróneamente con presagios o señales de alerta, cuando en realidad es una respuesta física del ambiente ante la suspensión de elementos sólidos.
– Luces del terremoto
Por otra parte, la ciencia reconoce la existencia de las llamadas luces de terremoto, EQL; que representan un fenómeno geofísico independiente.
Este suceso ocurre debido a la fractura y fricción de rocas con alto contenido de cuarzo bajo la corteza terrestre durante la actividad sísmica.
Estas tensiones generan cargas eléctricas que pueden producir luminiscencia o destellos visibles, los cuales se proyectan en el cielo en momentos cercanos a la ruptura del sismo.
– Orígenes distintos
Es fundamental distinguir que, si bien ambos fenómenos pueden generar colores rojizos en el firmamento, tienen orígenes distintos:
– Uno es la dispersión de luz provocada por la contaminación atmosférica derivada de los escombros, y el otro es una descarga electromagnética proveniente del subsuelo.
Comprender estos procesos permite a la población diferenciar eventos atmosféricos naturales de aquellos que están directamente vinculados con la actividad geológica de la Tierra.
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