LA ACEPTACIÓN DE LA TUTELA
Por considerarlo de interés para los lectores de la Revista Diplomática publicamos un artículo de nuestro colaborador, analista político e Internacionalista Leopoldo Puchi.
Por Leopoldo Puchi
Con el título ¿Venezuela ahora es una colonia o un Estado soberano?, un artículo publicado hace unos días por The New York Times plantea una interpretación según la cual el mundo ha cambiado hasta el punto de que la soberanía ya no sería un principio jurídico universal y la idea de una independencia nacional plena habría quedado como una reliquia del pasado.
Al mismo tiempo, presenta la soberanía como un conjunto de derechos susceptibles de fragmentarse o cederse parcialmente, hasta hacer aceptable la subordinación.
UNIVERSAL
En principio, la tesis luce como una descripción objetiva del orden internacional. Sin embargo, se basa en una confusión al identificar los límites que tiene hoy el ejercicio de la soberanía con la desaparición de la soberanía misma.
Es cierto que ningún Estado ejerce hoy su soberanía de manera absoluta. Los tratados internacionales o los acuerdos económicos imponen límites a la acción de todos los países. Pero de esa realidad no se desprende que la soberanía haya dejado de ser un principio jurídico universal.
Una cosa es aceptar restricciones recíprocas entre Estados; otra muy distinta es presentar la subordinación a una potencia extranjera como algo “normal” y la cesión de soberanía como “realismo”.
IGUALDAD SOBERANA
La soberanía ocupa un lugar central en el orden internacional porque fue una respuesta a siglos de dominación imperial. Durante generaciones, las grandes potencias asumieron que su fuerza militar y económica les otorgaba el derecho de intervenir y decidir el destino de otros pueblos. Después de las guerras mundiales del siglo XX, la comunidad internacional intentó construir un orden distinto, basado en la igualdad soberana de los Estados.
REGLA CIVILIZATORIA
Esa transformación quedó recogida en la Carta de las Naciones Unidas: la soberanía no depende del tamaño de un país, de sus recursos o de su poder militar. No existen Estados “parcialmente” soberanos ni pueblos con menos derecho a decidir su destino por ser más débiles. La regla establecida después de las guerras mundiales es clara: ningún Estado puede situarse por encima de otro ni imponerle su voluntad.
MECANISMOS
Otro mecanismo para justificar la dominación consiste en reducir la pérdida de soberanía únicamente a sus formas más visibles, como una anexión territorial abierta. Sin embargo, la historia demuestra que la subordinación también puede establecerse mediante estructuras de tutela. Si un país no decide sobre su defensa, sobre política exterior o quién administra la renta de sus recursos naturales, no puede considerarse soberano.
“LIBRE ASOCIACIÓN”
En el caso venezolano, existe el riesgo adicional de convertir una relación de tutela de hecho en algo formal mediante acuerdos que trasladen a Washington decisiones sobre seguridad, defensa, política exterior y administración de los ingresos petroleros. Ese esquema podría combinar distintos mecanismos de subordinación, desde fórmulas de “libre asociación” como las de algunos Estados del Pacífico hasta modelos de presencia militar permanente o de control estratégico, sin reproducir necesariamente ninguno de esos modelos de manera exacta.
LA ACEPTACIÓN
La verdadera cuestión que se plantea en Venezuela no es si la idea de soberanía es cosa del pasado, sino si los principales actores nacionales continuarán aceptando que Estados Unidos se atribuya un derecho superior a decidir sobre el destino del país.
El caso venezolano muestra cómo, bajo el lenguaje del realismo, se intenta presentar una relación de tutela como conveniente e inevitable. Pero aceptar como normal que la superioridad militar o económica de una potencia le otorga autoridad sobre Venezuela significa no solo abandonar un principio fundamental del derecho internacional, sino renunciar a la propia existencia de Venezuela como nación soberana.
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