LITIO: LA ‘GUERRA’ SIGILOSA QUE SE LIBRA EN EL ‘CONO SUR’
Bajo los salares de Argentina, Chile y Bolivia se encuentra uno de los recursos más codiciados de la nueva economía mundial. Los tres países conforman el llamado ‘Triángulo del Litio’ y reúnen 64 millones de toneladas de recursos identificados de este mineral, cerca del 43 % del total mundial, de acuerdo con los datos publicados por el Servicio Geológico de Estados Unidos, USGS. Su importancia crece al mismo ritmo que la demanda de baterías, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético.
El valor estratégico excede ampliamente al litio. América Latina aporta actualmente el 41 % del cobre extraído a nivel mundial, el 22 % del zinc y el 19 % de la producción de litio, entre otros minerales, y se ha convertido en un foco creciente para las grandes compañías mineras, de acuerdo a un reporte de Bloomberg. El auge de los centros de datos, la electrificación y las nuevas tecnologías promete disparar todavía más la necesidad de materias primas consideradas críticas para las economías desarrolladas.
– Washington mueve sus fichas
Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Estados Unidos aceleró sus movimientos para reducir su vulnerabilidad frente a proveedores extranjeros y garantizar el acceso a minerales críticos. Washington considera que la dependencia de minerales procesados fuera del país representa un riesgo para su seguridad nacional y busca construir cadenas de suministro más seguras con países aliados.
Argentina aparece como una pieza importante de esa estrategia. En febrero, Buenos Aires y Washington firmaron un acuerdo sobre minerales críticos destinado a promover inversiones en exploración, extracción y procesamiento. Durante las negociaciones, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, sostuvo que Argentina ‘desempeñará un rol clave para el mundo’ por sus recursos, su ubicación y su experiencia en el sector.
El acercamiento también alcanzó a Chile. Poco después de asumir la Presidencia, José Antonio Kast avanzó con Estados Unidos en un entendimiento sobre minerales críticos y tierras raras. Ambos países vincularon expresamente la seguridad del suministro de esos recursos con sus intereses de seguridad nacional y sus industrias, en un país que además es uno de los principales actores mundiales tanto en cobre como en litio.
– China ya está dentro
Pero Washington no desembarca en un terreno vacío. China lleva años construyendo una fuerte presencia comercial y empresarial en el sector minero latinoamericano. La competencia por estos recursos ya había llevado a Estados Unidos a intensificar su interés por los minerales estratégicos de la región, mientras – Pekín consolidaba inversiones y posiciones en distintas cadenas de suministro
Argentina refleja con claridad esa realidad. En 2025 produjo unas 120.000 toneladas de carbonato de litio equivalente, LCE; un 62 % más que el año anterior, y sus exportaciones superaron los 914 millones de dólares, según un reciente informe de la Secretaría de Minería. China recibió el 81,1 % de esos envíos, mientras más del 87 % tuvo como destino Asia, una concentración que el propio documento identifica como un factor de exposición frente a las políticas comerciales de un comprador dominante.
Y el país suramericano podría adquirir todavía más peso. Argentina concentra cerca del 21% de los recursos mundiales de litio y alrededor del 12% de las reservas, y proyecta superar a Chile como tercer productor mundial en 2029, según LM Neuquén. Las empresas del sector prevén una producción superior a 400.000 toneladas de LCE en 2030 y unas 573.000 toneladas en 2035, mientras las inversiones previstas entre 2026 y 2030 alcanzarían los 12.700 millones de dólares.
– La verdadera batalla
Así, el litio convierte al Cono Sur en escenario de una competencia que trasciende ampliamente la minería. Estados Unidos busca asegurar suministros y disminuir su dependencia de China; Pekín parte con una importante presencia como inversor, comprador y actor industrial; y Argentina, Chile y Bolivia poseen una materia prima cada vez más necesaria para sectores que van desde los vehículos eléctricos hasta las redes energéticas y las tecnologías avanzadas.
Para los países productores, sin embargo, la cuestión de fondo va más allá de elegir entre Washington y Pekín. El desafío será determinar cuánto del valor generado por esos recursos permanece en la región: si el Cono Sur se limita a extraer y exportar minerales o consigue atraer inversiones, desarrollar capacidad de procesamiento y avanzar hacia los eslabones de mayor valor de una cadena que se ha convertido en una pieza central de la competencia económica mundial.
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